—Mamá, tengo la barriga llena de hambre, dice. Y la mamá ríe y le trae la leche.

Al rato, ya dormido, se sobresalta y mueve los brazos y las piernas. La mano de la madre le acaricia la espalda, se queda quieto.

Jaime Sabines

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La celebración a las mujeres que han sido, son y serán madres es un culto ancestral. Desde los antiguos griegos con la diosa Rhea, pasando por los aztecas y la mítica figura dual de Coatlicue, la declaración de Woodrow Wilson de 1914 y la correspondiente signada por Ávila Camacho en 1922, el Monumento a La Madre en la calle de Sullivan; entre otros muchos ejemplos. La figura materna es eje en el desarrollo de todas las civilizaciones y sociedades.

Por ella somos. Para ella también. Y que conste. No es sólo un día, ni sólo por un día.

No hay sacrificio suficientemente grande para el corazón de una madre; no hay cáliz de dolor y amargura que ésta no esté dispuesta a llevar a sus labios, si puede evitar una gota tan sólo de acíbar a los seres queridos, prolongación de su propia vida; no hay manera de poder aquilatar con certeza la profundidad y alcance del amor materno.

Rafael Alducín

02 . .

Doña Luz
(fragmentos)
Jaime Sabines

Casi todas las madres
son criaturas de nuestros sueños.
En la fotografía conserva
para siempre el mismo rostro.

Cada vez que veo la fotografía me digo: no es ella.
Ella es mucho más.
Así, todas las cosas me la recuerdan para decirme
que ella es muchas cosas más.

Tú eres un racimo, madre, un ramo, una fronda, un bosque,
un campo sembrado, un río. Toda igual a tu nombre, doña Luz, Lucero,
Lucha, manos llenas de arroz, viejecita sin años,
envejecida solo para parecerte a los vinos.

Quiero hacerte un poema, darte unas flores,
un plato de comida que te guste, alguna fruta,
un buen trago; llevarte tus nietos,
comunicarte una noticia estupenda.

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